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Real Academia de San Fernando

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Actividades

El origen de la Academia está en 1744 cuando nace la Junta autorizada por Felipe V: va a preparar los estatutos de una nueva corporación formada por arquitectos, pintores y escultores y gobernada por consiliarios directamente vinculados al rey. La Corona impulsa así la innovación en la enseñanza de las artes, superando la vieja organización en gremios y talleres. Desde toda España acuden los alumnos a las aulas de la Academia, que estuvo durante tres décadas en la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor. Pronto se ve necesario el traslado a una sede más amplia, pero esto no llega hasta 1773 cuando Carlos III ordena comprar el palacio barroco de Alcalá 13, construido medio siglo antes por José de Churriguera para el prócer navarro Juan de Goyeneche. La fachada barroca se sustituye por la neoclásica que hoy vemos, trazada por el académico Diego de Villanueva. Con la I República se creó la sección de Música, y actualmente la de Nuevas Artes de la Imagen que incluye el cine, la fotografía y el diseño. La actividad docente pasó hace cuarenta años a la nueva Facultad de Bellas Artes, conservando la Academia el museo que refleja su larga historia.

La colección de la Academia se empieza a formar desde sus primeros años y tiene un doble objetivo: brindar buenos modelos para la formación de los alumnos y dar el empaque adecuado a sus espacios. Obras de tan alta calidad como la Venus de Louis Michel van Loo y la Alegoría de la Paz y la Justicia de Corrado Giaquinto, ambos académicos, fueron creadas expresamente para este fin. Desde la propia colección real se envió, en fecha no conocida, la Primavera de Arcimboldo, única obra de este pintor que hay en España. A comienzos del siglo XIX la colección ya es considerable y en 1816 se aumenta con más de doscientas obras, que habían sido propiedad del poderoso Manuel Godoy, príncipe de la Paz. Así llegaron, entre otros, el Sacrificio de Caliroe de Fragonard, los célebres Mercedarios de Zurbarán, el lienzo de Leandro Bassano con la veneciana Riva degli Schiavoni y una pintura de vanitas extraordinaria: El sueño del caballero, además del retrato del propio Godoy por Francisco Goya.

Las dos salas de Goya en el museo son de obligada visita para los incondicionales del maestro. El mencionado Retrato de Godoy y el Fernando VII a caballo son encargos importantes, pero las once pinturas restantes nos brindan la intimidad del pintor: las que ha creado por su propio placer, para su familia o sus íntimos. Algunos de estos cuadros, como el retrato de Juan de Villanueva o el de La Tirana, famosa actriz de teatro, llegaron a la Academia en vida de Goya.

No se puede omitir la colección de esculturas, como la Dolorosa de Pedro de Mena y el San Bruno de Pereira, en piedra maciza, obra considerada por algunos como la mejor de Madrid en el siglo XVII. Las esculturas en yeso, hoy valoradas como se merecen, incluyen dos de colosal tamaño traídas por Velázquez para Felipe IV: el Hércules Farnesio y la Flora Farnesio que podemos admirar en el zaguán de entrada. En la segunda planta, una sala de yesos merece por sí sola la visita al museo: está presidida por la monumental Puerta del Paraíso, ejecutada en el siglo XVIII bajo la dirección de Mengs con moldes sacados directamente de las famosas puertas del Baptisterio en Florencia, obra maestra de Ghiberti.

El museo de la Academia sigue aumentando su colección con obras donadas por académicos actuales, que se exponen en la tercera planta junto a ejemplos de la vanguardia clásica como los grabados de la Suite Vollard de Picasso y las esculturas de Gargallo y de Julio González. Estos se han podido adquirir gracias a la herencia de D. Fernando Guitarte, que en los últimos 30 años ha permitido el ingreso de otras obras únicas: ante todo, el espléndido Autorretrato ante el caballete de Goya, y también el Agnus Dei de Zurbarán, el Autorretrato de Francisco Bayeu, el Fernando VII de Vicente López (primer retrato del rey vestido de paisano), Bodegón con frutero y periódico de Juan Gris, las Tentaciones de Buda de Eduardo Chicharro, obra capital del simbolismo español, etc. El viejo palacio de Goyeneche está hoy perfectamente adaptado a la visita pública, con ascensores para el visitante que lo solicite, y sigue siendo una fiesta para el arte y el espíritu.

Nota importante: Cada día se abre un determinado número de salas del Museo, en función del personal disponible.

Precios

Tren + Visita guiada al museo = 4 €.

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