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Colección de Esculturas

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Victorio Macho

Victorio Macho

Comenzó su formación artística en Santander, antes de ingresar, becado por la Diputación Provincial de Palencia, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En los años veinte gozaba ya de la reputación de ser uno de los mejores escultores españoles, y como tal representaría a nuestro país en las Bienales de Venecia de 1924 y 1932. Participó en la Sociedad de Artistas Ibéricos, creada en 1925 como reacción al arte oficial. En 1936 fue nombrado académico de Bellas Artes de San Fernando. El desenlace de la guerra civil le llevó a Francia, Rusia, y finalmente a América. Tras una prolongada estancia en Lima, regresaría a España en 1952. Instaló su casa y taller en Toledo, en el mismo edificio que desde 1967 aloja, como Museo Victorio Macho, su generoso legado.

Obra: Autorretrato (1904)

En el enérgico Autorretrato de Victorio Macho a los 17 años, el escultor ya destaca con una fuerza expresiva sin parangón, con cierto gesto de obstinación y cabellera rebelde que apuntan a una inquietante personalidad que no abandonará el artista a lo largo su vida y su dilatada obra. Realizada en bronce en 1904, es una de sus primeras creaciones artísticas, cuando empieza a cultivar el genero del retrato con una fuerza que no deja duda al expresar el duro gesto del castellano de la meseta.
Otras obras del autor que revelan esta característica son la cabeza del pintor Anselmo Miguel Nieto, busto que realizó en tan sólo tres horas de trabajo, o el busto del también pintor Aurelio Arteta. El retrato, junto al género de la escultura monumental, sigue una línea conceptual, en la que Macho concibe su obra como "Una expansión del alma que nos eleva hacia el sumo creador", según sus propias palabras.
Esta obra es la fiel reproducción de la que se conserva en el Museo Victorio Macho de Toledo.

Obra: Máscara (1926)

En 1924, el mismo año de su participación en la Bienal de Venecia, Macho recibe la solicitud de acometer un monumento en San Juan Puerto de Rico en memoria de Eugenio María de Hostos (1839-1903), que había sido una figura clave en la génesis de los procesos independentistas de Cuba y Puerto Rico, amén de comprometerse en muchas otras causas en diversos países hispanoamericanos, como la promoción del primer ferrocarril andino. Victorio Macho terminó el monumento en 1926, una obra en bronce en la que el busto de este prócer se veía acompañado por dos figuras femeninas que, simbolizando la Patria y la Sociología, entrelazaban sus manos.

Obra: Torso gitano (1910)

A principios del siglo XX, algunos escultores españoles tratan de romper con la hegemonía de un academicismo obsoleto, ajeno al devenir del medio fuera de nuestras fronteras, al tiempo que luchan por insertar ese proceso renovador en el contexto de una tradición que consideran que ha sido traicionada, mucho más que en el descubrimiento de una nueva tendencia. Modelada tres años antes para optar una plaza de pensionado en la Academia de Bellas Artes en Roma, que no consigue, el escultor hace todo un alarde de superación del concepto provinciano imperante de realismo mediante la recreación de toda la tensión muscular que preside ese torso sensual, como si buscase la esencia del ritmo, o de la música, a través de un naturalismo casi arquitectónico. Piezas como ésta le valieron los sobrenombres de "el escultor de la raza" o "el cincelador de Castilla" por el alto de grado de representación simbólica e idealizada.

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