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Málaga Monumental

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El Barrrio de La Malagueta

El casco histórico de Málaga alberga la mayor parte de los monumentos de la ciudad. Basta un pequeño recorrido por sus estrechas y serpenteantes calles de indudable trazado morisco para encontrar monumentos cristianos levantados después de la conquista de la ciudad por las tropas de los Reyes Católicos, así como innumerables edificios de carácter civil de épocas posteriores.

Una historia intensa y apasionante

En el siglo VIII a. C. los fenicios fundan en la desembocadura del río Guadalhorce la colonia de Malaka. La actividad económica de este pueblo se centró fundamentalmente en el desarrollo de industrias pesqueras, de salazones y producción de púrpura, con las que comerciaban. A finales del siglo III a. C. se produce la llegada de los romanos que entran en lucha contra los cartagineses. La victoria romana supuso la unificación de todo el territorio con una misma lengua y unos mismos usos y costumbres.

La caída del Imperio romano implicó un cambio en la estructura político-administrativa y la zona pasa a estar bajo el dominio del Imperio Bizantino, hasta que a principios del siglo VII son expulsados por los visigodos. Pero en el año 711 los árabes irrumpen en la Península y con ellos se acaba el Estado Visigodo, iniciándose una nueva etapa de ocho siglos de duración, en la que las tierras de Málaga pasan a formar parte del mundo islámico, abandonándose la incipiente sociedad feudal, pública, rural y servil que se estaba formando, por una sociedad donde primaba lo privado, y lo urbano. Se levanta la muralla, el castillo de Gibralfaro y la Alcazaba. Extramuros de la ciudad, en la margen derecha del río, se instaló el cementerio, el barrio judío y algunos arrabales habitados por campesinos moros.

En 1487 Málaga es conquistada y sólo se permite la permanencia en la ciudad a unas pocas familias en calidad de mudéjares, es decir, musulmán bajo dominio cristiano que reconoce la soberanía de los Reyes Católicos, entrega sus fortalezas y se compromete a pagar los impuestos, recibiendo, en contrapartida, protección real y garantías de que serán respetadas sus creencias, leyes y usos sociales. Con la conquista de la ciudad se inicia el reparto de las tierras entre los conquistadores. Las órdenes religiosas ocupan la mayor parte del espacio extramuros de la ciudad. El interior se divide en cuatro parroquias, se derriban las sencillas casas árabes para construir los nuevos palacios y se abre la calle Nueva para comunicar la puerta del Mar de la muralla con la actual plaza de la Constitución. Sin embargo los terremotos, epidemias, inundaciones provocadas por el río Guadalmedina, malas cosechas y una pésima administración unida a la corrupción general de la época hacen entrar a la ciudad en una etapa de decadencia.

Felipe II construyó un nuevo puerto que se convirtió en el motor del sistema productivo de la ciudad, hasta el punto de transformar a Málaga en un importante núcleo mercantil. A finales del siglo XVIII y principios del XIX surge en Málaga una alta burguesía en torno a dos grandes familias, la de los Larios y la de los Heredia, que la convierten en el segundo centro industrial de España. Esta situación provoca que surja una zona fabril hacia el oeste, con humildes casas obreras y una zona noble en la Caleta y Pedregalejo, con palacetes. Se derriban las murallas, y los malagueños, cuyo número crece sin parar, se extienden por los barrios extramuros como el Perchel, la Trinidad, Capuchinos y la Victoria. Se abren calles nuevas como la del Marqués de Larios. Junto al mar, en la zona residencial de la nueva burguesía, se construye el paseo de la Alameda.

El comienzo del siglo XIX estuvo marcado por varios factores negativos entre ellos  una epidemia de fiebre amarilla y como desastroso colofón, la Guerra de Independencia, sin olvidarnos de los efectos de la independencia de Hispanoamérica. En el segundo tercio del siglo se inicia una época de gran dinamismo económico, reactivándose sus actividades mercantiles con un notable despliegue industrial y desarrollándose el transporte y las comunicaciones, sobre todo en el ferrocarril, con la línea de Málaga a Álora, Córdoba y Madrid. Pero nuevamente a mediados de los años sesenta del siglo XIX empezó a debilitarse la prosperidad alcanzada. La siderurgia entra en declive y la agricultura se resiente por los devastadores efectos de la filoxera, que arrasa el viñedo.

A comienzos del siglo XX Málaga busca otras fuentes de riqueza que sustituyeran las desaparecidas. Algunas personas vieron en el turismo una alternativa que podría proporcionar importantes beneficios. A principios de siglo hay cambios importantes en Málaga como la circulación de tranvías en la ciudad y la puesta en funcionamiento de la Hidroeléctrica de El Chorro. A partir de los años cincuenta se va afirmando la configuración de una economía dual: un sector moderno y progresivo, el turismo, y otro tradicional y regresivo, la agricultura y el mundo campesino. En estos años se produce un crecimiento desordenado de la ciudad. Se produce una expansión urbana, basada en una política urbanística de tolerancia. Finalmente, el impulso del turismo provocará un fuerte crecimiento demográfico de la Costa del Sol.

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