Durante siete noches y ocho días El Transcantábrico Clásico se convertirá en su salón, su transporte, su lugar de encuentro, su bar, su habitación: un hotel que se mueve y en el que cada día nos acostamos y amanecemos en un lugar diferente de la jornada anterior. El paisaje que asoma por la ventana de nuestra suite o la del salón donde estemos tomando un café no es nunca el mismo. Esa simple circunstancia hace que el viaje sea en si mismo único y diferente a cualquier otra experiencia.

Para que el viajero pueda descansar cómodamente, el tren permanecerá parado en la estación durante la noche. Los salones están diseñados especialmente para relajarse y disfrutar de un entorno evocador en el que disfrutar también de la compañía de resto del pasaje. Muchas amistades han nacido alrededor de una copa o una taza en los coches de El Transcantábrico.

Tras la cena, disfrutaremos de una velada de ocio. Cada noche hay fiesta a bordo, con varias actuaciones en vivo a lo largo del viaje, que, dada la longitud del tren, no importunarán a los que prefieran retirarse más temprano a la intimidad de su suite. También se puede optar por tomar algo más tranquilamente en otro de los coches salones o salir a dar un paseo por la localidad en que nos encontremos. El tren nos esperará en la estación hasta la mañana siguiente.

En general se recomienda ropa y calzado cómodo para el día, cuando estaremos realizando nuestras visitas, mientras que por la noche se puede optar por un atuendo más formal, aunque no se exige una etiqueta determinada en ningún momento. Solo hay que tener en cuenta que para acceder al Casino de Santander en las rutas que lo incluyen sí es necesario ir vestido de forma elegante (no se exige traje ni corbata, pero por ejemplo está prohibida la entrada en pantalón corto o zapatillas de deporte).