Una ciudad marcada por su vecino más ilustre, Salvador Dalí, pero también por un legado arquitectónico que va del gótico al modernismo. Aquí se viene a vivir la cultura, y, de paso, a confirmar su discreta idiosincrasia.
Texto: Mario Suárez
Fue el propio Dalí quien afirmó que él había nacido dos veces. Cuando llegó al mundo, un 11 de mayo de 1904 en Figueres, sus padres le llamaron Salvador en homenaje a su hermano mayor fallecido nueve meses antes. Este fue quizá el primer acto surrealista que viviría, y que le llevaría a tener un fuerte conflicto personal desde niño. Su infancia transcurrió en una casa de tres plantas en la calle Monturiol, donde su padre tenía la notaría. Hoy, este edificio acoge un museo que narra los primeros años de vida del pintor que dieron forma a su fuerte personalidad. “La visita es una experiencia inmersiva. Se quiere que el visitante se deje llevar por el flujo de la conciencia del artista. A través de él deben descubrirse las claves que le convirtieron en la persona y el personaje que llegó a ser”, explica Eduard Bech i Vila, director de Casa Natal Salvador Dalí. Además de la habitación donde nació, también acoge exposiciones temporales.
Seguir la pista del pintor resulta obligatorio en Figueres, y pasa, por supuesto, también por el Teatro-Museo Dalí. Pero, además, merece la pena conocer el legado modernista de la ciudad, el entorno arquitectónico en el que creció el artista. El máximo representante del Modernismo en la ciudad fue el arquitecto Josep Azemar y Pont, autor de numerosas edificaciones. “En la Rambla, destacan las Casa Cusí, Casa Puig-Soler y Casa Salleras. En la calle Monturiol tenemos dos ejemplos importantes donde precisamente residió el pintor Salvador Dalí con su familia, la Casa Natal del pintor, encargada por Dolors de Puig, marquesa De la Torre, y Casa Mas Roger, donde la familia Dalí residió a partir de 1912”, explica Mariona Seguranyes, doctora en Historia de Arte y concejala de Cultura del Ayuntamiento de Figueres. Pero el legado modernista también se encuentra en la Plaza del Matadero, el edificio del Casino Menestral Figuerenc, obra de Josep Bori Jansana, la Casa Jiménez o el Teatro-Cine El Jardí, obra de Lorenzo Ros y Costa.
La huerta ampurdanesa se expande para el visitante del Mercado de la Fruta y la Verdura, ubicado entre la centenaria plaza del Gra y la vanguardista plaza Catalunya, y que tiene lugar los martes, jueves y sábados. Porque a Figueres también se viene a comer bien; sobre todo, porque la materia prima local es sublime. “L’Empordà es un territorio rico en productos y en gastronomía. Nuestra plana, delimitada por el mar Mediterráneo y los Pirineos, nos ofrece una despensa privilegiada”, afirman desde el restaurante Bocam. Aquí se rinde homenaje al mar y a la montaña, con arroces, ceviches o carnes que se rematan con una colección de postres inspirados en Salvador Dalí: del huevo de chocolate blanco con crema de maracuyá al pan de torrijas, con la misma forma que los panes que serpentean por el vecino Teatro-Museo.
La vida y la obra de Dalí invade toda la ciudad, incluso aquello que estaba aquí antes de que el genio naciera. Por ejemplo, la iglesia de San Pere, de estilo gótica, y cuyos restos más antiguos datan del siglo X-XI, también es conocida por ser el lugar donde recibió su bautismo el pintor y se celebró su funeral. “Alrededor se levantó el barrio medieval de Figueres”, asegura la historiadora Mariona Seguranyes. “En su interior hay obras relevantes de Frederic Marès, Charles Collet y Francesc Labarta”, añade. Otro de los grandes escenarios figuerenses es el Castell de Sant Ferran, el monumento de mayores dimensiones de Cataluña y la fortaleza de época moderna más grande de Europa. Se puede visitar su foso en todoterreno y también sus cisternas, con capacidad para 2.500 metros cúbicos, en embarcaciones neumáticas. Por algo lo llaman la “Catedral del agua”.
La tradición marca comer flaonas a finales de enero, cuando tiene lugar la fiesta de Sant Pau de la Calçada. Aunque ahora, este dulce típico de Figueres –con forma de media luna, crujiente por fuera y relleno de crema y 200 años de antigüedad– se encuentra todo el año en las pastelerías como, por ejemplo, Fàbrega. Ellos llevan más de 150 años encargándose de los postres de los figuerenses: “También hacemos ‘panellets’ para el día de Todos los Santos y ‘coca de llardons’ para Carnaval”. Si el plan es merendar, puede pararse aquí o en Pastisseria Serra Lacasa (Plaça Ajuntament, 6) o en Parc Bosch (Vilafant, 19), que, desde 1976, provocan que “un buen número de ampurdaneses se hayan lamido los dedos con sus dulces”.
Si hay un símbolo de tradición, autenticidad y carácter es la denominada “cuna de la cocina catalana contemporánea” del restaurante El Motel, fundado por Josep Mercader en 1961. Su yerno, Jaume Subirós es el chef que lidera ahora su carta, con canelones de carne a la crema o un arroz con pies de cerdo y gambas que se reposan mejor en las 42 habitaciones del Hotel Empordà que acoge el restaurante.
A Figueres-Vilafant se puede llegar desde Madrid en los trenes AVE que circulan a diario, que emplean 3 horas y 40 minutos en el recorrido.
Desde Barcelona se llega en 55 minutos a la estación de Figueres-Vilafant en cualquiera de los trenes Ave y Avant que circulan a diario.
También se puede llegar a Figueres-Vilafant desde València en trenes del servicio Euromed y en trenes con enlace alguna de cuyas frecuencias tiene origen y destino en Alicante.