A ritmo pausado. Apelando a las raíces. La creatividad contagia las calles de la ciudad de As Burgas. Y, como décadas atrás, es la moda local la que vuelve a generar este impulso.

 

Texto: Pacho G. Castilla

 

Dicen que la inauguración, en 1998, de la A-52 (Autovía das Rías Baixas) supuso una revolución para Ourense. En el acceso de esta arteria al centro de la ciudad, que discurre paralelo al río Miño, hace poco más de dos años el artista Mon Devane realizó el mural A Gaiteira Real (Rúa Jenaro Pérez Villaamil, 3). Al igual que la carretera, la obra es un ‘chute’ de modernidad. Y lo consigue apelando a las raíces (la obra rinde homenaje a la Real Banda de Gaitas). Tradición y vanguardia son también las señas de identidad de un sector, el de la moda, que es uno de los principales motores que activan a esta ciudad de ritmo pausado (el textil ourensano genera cerca de 4.000 empleos). Un ejemplo es el de Pilar López, de López Clothing (Rúa do Paseo, 21), tienda que, en “la calma y la intimidad” de un piso señorial, reúne marcas internacionales y también locales, que recogen “la tradición de la costura en nuestro país con una interpretación contemporánea”. López no lo duda: “lo cercano es sostenible”. Ella sugiere arrancar la jornada en Ourense con un rico desayuno en alguno de estos “dos sitios emblemáticos”: Café Latino (Praza de Sta. Eufemia, 7) o en La Zapatería del Abuelo (Rúa da Paz, 2).

 

En las empedradas calles del centro histórico, y a literalmente dos pasos de ambos locales, se encuentra la Catedral de San Martiño (Rúa Juan de Austria). El Pórtico del Paraíso, la Capilla del Santo Cristo y la Capilla Mayor son, para López, visita obligada de una de las catedrales más antiguas de Galicia, cuya “presencia y luz siempre sobrecoge”, dice. No es el único ejemplo del patrimonio de origen medieval. También está el antiguo Palacio Episcopal, sede del Museo Arqueológico Provincial (Praza Maior s/n), y otras joyas del entorno rural de la provincia.

 

Decía el escritor Bieito Iglesias que “Ourense es una ciudad que (...) se levanta del terreno y se universaliza”. Hablaba de literatura, aunque la misma intención persiguen diseñadores de moda de aquí, como Adolfo Domínguez, Purificación García o Roberto Verino, impulsores, en los 80 y 90, del fenómeno de la moda en Galicia. “Ourense es un entramado de realidades. El verde del rural o pequeños talleres de autor que mantienen un marcado espíritu artesanal con una estética cuidada conviven con la creatividad que se escala y llega a convertirse en industria”, señala Dora Casal, CEO de Roberto Verino. Un sello que se expresa en la Rúa do Paseo, la milla de oro ourensana, donde tienen tienda estas “figuras icónicas que nos enseñaron que se puede mirar al mundo desde las orillas del Miño sin perder la identidad”, como asegura Casal.

 

La gastronomía de la ciudad también apela a las raíces, a “los sabores de la memoria de la Galicia interior y atlántica”. Así lo señala Miguel González, quien, junto a As Burgas (Praza das Burgas, s/n) –las históricas fuentes termales que dieron a Ourense su apodo–, firma una propuesta culinaria que se apoya en “las técnicas y la potenciación de nuestros productos y recetas gracias a las cualidades minerales y organolépticas que aporta el agua termal”.


 

“Es una ciudad pequeña, tranquila, con tiempo para observar y para hacer las cosas de otra manera”. Así lo piensan Ana Álvarez, Elena Prada y Lora González, quienes, a finales de 2024, abrieron Amodo Tenda (Rúa Santo Domingo, 34). Aquí conviven moda, complementos, cosmética, arte y productos ‘gourmet’. “Trabajamos con marcas ‘feitas’ aquí”, manteniendo “una relación directa entre quien crea y quien consume, fundamental para entender hacia dónde se mueve la moda contemporánea local”. Un futuro que se declara sostenible, que “reivindica el hacer a otro ritmo y a mano prendas textiles” por el que apuesta Lilia Méndez, de AO Domini (Rúa Alejandro Outeiriño Rodríguez, 11). Méndez fundamenta su colección en recuperar tejidos tradicionales, recordando: “En Ourense, hubo una fuerte cultura textil por el cultivo del lino y una comunidad de tejedoras que confeccionaban trapos y mantas de lino y lana casera”.

 

Tejidos que, a finales del XIX, quizás pasaran por el almacén y tienda de Simeón García, comerciante que vendía tejidos procedentes de Cataluña. En 1999, el edificio se convirtió en el Centro Cultural Marcos Valcárcel (Rúa do Progreso, 30). Es un ejemplo de los vientos modernistas de Ourense. En la ciudad que, a mediados del siglo XX, fue “la Atenas de Galicia”, por los intelectuales que coincidieron aquí) también se encuentra una “joya de la arquitectura civil renacentista”, el Pazo de Oca Valladares, que pasó a ser del Liceo de Ourense (Rúa Lamas Carvajal, 5). “Los techos altos y las piedras” de este palacio inspiran a Alexandre Dacal, uno de los fundadores de Dame Après París, firma de ‘streetwear’ que se hizo viral tras colaborar con Puma, cuyas colecciones evocan paisajes como los de Reza, a las afueras de Ourense, donde Alexandre vive.

 

“Dar un paseo junto al río me despierta nuevas ideas”, prosigue Alexandre. Caminata que finaliza en las Termas de Outariz. Y es que, “el termalismo, referente de un estilo de vida pausado, influye en la estética contemporánea, posicionando a Ourense como modelo de moda ética y consciente”, apunta Dora Casal. Un ritual que precede a otro imprescindible: “los exquisitos pinchos de Fuentefria (Rúa Viriato, 6)”, concluye López.

Puerta de entrada a Galicia, Ourense cuenta con numerosas conexiones diarias en tren con las principales ciudades gallegas, además de cuatro trenes al día por sentido que la unen con Madrid, con parada en Zamora. A Ourense también hay tren directo desde San Sebastián, Teruel, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Vitoria, Palencia y León.

 

La circulación diaria de todos los trenes de la compañía evita al año la emisión de 4,7 millones de toneladas de CO2 y supone un ahorro energético equivalente a cerca de 1,3 millones de toneladas equivalentes de petróleo.