Cuando se cumplen 100 años del nacimiento de Carmen Martín Gaite, la ciudad del Tormes, donde nació, revive su memoria. Una invitación a dejarse atrapar por los escenarios que inspiraron su literatura y aquellos rincones que marcaron su vida.

 

Texto: Pacho G. Castilla

 

El mejor de los preludios para adentrarse en un literario recorrido por la ciudad castellana arranca en la margen izquierda del río Tormes. Allí, en lo que antiguamente era terreno para ganado, se encuentra el histórico barrio del Arrabal del Puente –romano o Mayor del Tormes–. “Desde el puente viejo es desde donde mejor se ve la ciudad. (...) Con la Catedral reflejada en el río”, decía Carmen Martín Gaite. “Es una visión que corta la respiración”, asegura Susana Azpiazu, directora de CIEUSAL (Centro Internacional del Español - Universidad de Salamanca), que alberga, desde febrero, el legado de la escritora. Lectora asidua suya –”me gusta la manera que tiene de describir las situaciones cotidianas con trazos directos y simples”, afirma–, esta filóloga tiene claro que a Martín Gaite le habría gustado “descubrir que la ribera del río, al que Salamanca ha ignorado hasta hace poco, se está ganando como zona de recreo de la ciudad”. En esta pasarela, además, está una de las señas de identidad de la ciudad: la estatua de un verraco que se menciona en ‘El lazarillo de Tormes’ o ‘El mejor maestro, el tiempo’, de Lope de Vega.

 

Si hay algún lugar que guarde la memoria de Carmen Martín Gaite es, sin duda, la Plaza de los Bandos. Allí, en un edificio ya demolido, nació la escritora el 8 de diciembre de 1925. Esa “placita provinciana de las castañeras con mitones negros en otoño” –como dice José Teruel en ‘Carmen Martín Gaite: Una biografía’, ensayo con el que ha logrado el Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias–, era para ella, “el edén de la infancia”. Y como tal lo describía en ‘El libro de la fiebre’. “La geografía narrativa de Martín Gaite en Salamanca” prosigue, precisa Teruel, en el Campo de San Francisco, del que la autora decía: “Yo de joven algunas mañanas iba a leer allí, porque me parecía muy poético aquel silencio solamente turbado por la algarabía de los pájaros”. El recorrido continúa por la Plaza de la libertad –con la fachada trasera del Casino de Salamanca (Zamora, 11), donde “veníamos las chicas casaderas a alternar”, decía Martín Gaite– o el Palacio de Anaya (Pl. de Anaya), donde la escritora salmantina más universal estudió Filología Románica.

 

“La Plaza Mayor es como una especie de cuarto de estar”, decía Martín Gaite quien, como recuerda Teruel, “siempre se presentó como la chica provinciana que amaba el ritmo lento”. En este enclave se palpa, sin duda, ese “pulso de lo cotidiano” de aquella Salamanca de los años 50 que Carmen Martín Gaite descubrió a millones de lectores gracias, sobre todo, a su novela ‘Entre visillos’. “Hoy en día, esta ciudad es dinámica, abierta, y muy desinhibida en el ambiente universitario”, precisa la cantante Laura Crimson. Sin embargo, apunta Azpiazu, aún se mantiene viva la memoria de la autora en “todas las pequeñas plazas que están más o menos escondidas entre calles y que sorprenden al paseante porque albergan una fuente de piedra bonita o una impresionante iglesia románica”.

 

Salamanca es una ciudad “orgullosa de su pasado y de su saber”, decía la escritora. Una declaración de principios que materializa en la cocina Carlos Hernández del Río, chef y propietario del restaurante ConSentido, situado a espaldas de la Plaza Mayor. Gracias a una “filosofía” que pone “un pie en la tradición, de donde venimos, y el otro en la actualidad e innovación, hacia donde vamos”, ha logrado dos Soles Repsol. También a ese saber “de las gentes que pueblan nuestro entorno”, que cuenta con “una huerta del campo charro única y maravillosa, gracias a nuestro río, el Tormes; unas legumbres memorables de la zona de la comarca de La Armuña, y la caza de las Sierras de Béjar y Francia”, concreta el cocinero.

 

“Siempre se vuelve a la Plaza Mayor”, decía Martín Gaite. En este caso para hacer una parada en el icónico Café Novelty, el más antiguo de Salamanca (se fundó en 1905) y el germen de no pocas reuniones, discusiones políticas y, sobre todo, tertulias, muchas tertulias a las que la escritora, por cierto, se aficionó. También aquí así lo hicieron Miguel de Unamuno, Francisco Umbral, Juan Marsé, Cabrera Infante, Ortega y Gasset... Aunque, sin duda, uno de los asiduos más ilustres a este histórico lugar fue Torrente Ballester (a quien en el año 2000, poco después de su muerte, se le rindió homenaje con una estatua de bronce, realizada por el escultor Fernando Mayoral, en su rincón favorito).

 

El recorrido continúa entre esas “casas con miradores de hierro forjado [...] desde los que se chismorreaba”, describía Martín Gaite. Un trayecto que se detiene “en las preciosas librerías y bibliotecas que hay aquí”, recuerda Laura Crimson, como la hipnótica Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca (Patio de Escuelas, 1) o Letras Corsarias (Rector Lucena, 1), que el pasado año recogió el Premio Librería Cultural.

 

“Carmen era una apasionada de la música, particularmente del jazz. Y disfrutaría de las ‘jam sessions’ y conciertos de jazz y de música independiente de algunos bares de la ciudad, como el Café Centenera, o la coctelería Niebla”, señala Laura Crimson. Esta música, filóloga y amante de la poesía ha querido rendir homenaje a la escritora con una propuesta poético-musical, coincidiendo con el centenario de su nacimiento.

Salamanca cuenta con 4 trenes Alvia diarios que la conectan con Madrid en una hora y 40 minutos con paradas intermedias en Medina del Campo y Segovia. Además, está conectada con siete trenes por sentido con Ávila y cuenta con un enlace diario con Cataluña, Cantabria, Navarra, País Vasco y Aragón.

 

La circulación diaria de todos los trenes de la compañía evita al año la emisión de 4,7 millones de toneladas de CO2 y supone un ahorro energético equivalente a cerca de 1,3 millones de toneladas equivalentes de petróleo.