Nacho Muñoz, Sol Álvarez, Marcos PTT y Coro González impulsan el colectivo de intervención artística e social Galiza Emocional (galizaemocional.gal).
Vida de barrio,
en Santiago
de Compostela
Un paseo por el entorno de la rúa de San Pedro revela otra forma de habitar la ciudad. Aquella que se teje en conversaciones de puerta a puerta, late entre negocios con alma y abraza la contemporaneidad sin renunciar a sus señas de identidad.
Texto PACHO G. CASTILLA
Fotos LINO ESCURIS
En la entrada al casco histórico de de Santiago de Compostela y a escasos metros de su Mercado de Abastos, la empedrada rúa de San Pedro –restringida al tráfico– es el epicentro del barrio del mismo nombre.
Desde la explanada del parque de San Domingos de Bonaval, rehabilitado por Isabel Aguirre y Álvaro Siza, se contempla la silueta de la Catedral de Santiago de Compostela.
Óscar e Iván Andrés Quintela, de Arrokabe Arquitectos, han rehabilitado en el barrio de San Pedro A Casa do Taberneiro, los apartamentos turísticos Casa do Medio y convirtieron, además, una antiguo secadero de pieles en un espacio cultural en el parque de Belvís.
No hay una única manera de acercarse a Santiago de Compostela. Aunque las siete puertas de su muralla medieval ayudan a entender su esencia diversa. A través de Porta Faxeira llegaban los peregrinos del Camino Portugués y, por cierto, buena parte del pescado que la abastecía. Rúa da Pena acogía a los caminantes llegados de Inglaterra y Flandes. Mazarelos era la entrada de los vinos del Ulla y del Ribeiro... y los cereales de Castilla. O la principal, Porta do Camiño o Francíxena, llamada así pues recibía a los que llegaban por el Camino Francés.
En la zona de paso previa a ella (‘rueiro’), coincidían albergues, artesanos o mercaderes, como los ‘concheiros’, que vendían conchas de vieira a los penitentes. Hoy en día, precisamente el tramo entre la rúa dos Concheiros y la praza Porta Camiño conserva algo cada vez más difícil de encontrar en las urbes con vocación turística: la esencia de barrio, del barrio de San Pedro. “Si se cerrara por ambos lados, podrías hacer vida aquí con total tranquilidad. En apenas 300 metros tienes de todo”, dice Jorge Gago, chef de A Maceta, que llegó hace diez años a la rúa de San Pedro cuando “el plato más famoso era un pulpo ‘á feira’”, dice.
Define su propuesta gastronómica como “libre”. Aunque la famosa receta tradicional y otras expresiones de la identidad histórica del barrio aún permanecen. Por ejemplo, ‘La Churre’ –La Churrería, (San Pedro, 121)– o Mercería Luisa (San Pedro, 53). Establecimientos que conviven con restaurantes veganos o de autor y pequeñas tiendas entendidas como “proyectos de vida de personas y no de un grupo de inversión”, afirma Lorena Durán. Junto a Pablo Iglesias, hace dos años Durán inauguró la tienda de vinilos El Muelle 1931 (San Pedro, 57), abierta a “sellos pequeñitos, autoedición y creación de autor”. “Un espacio de resistencia”, dice, que quizá solo puede entenderse en un entorno donde confluyen “la contemporaneidad y la convivencia real” y donde los vecinos –que “hablan de puerta a puerta”– conocen “la lucha diaria de cada persona por mantener su negocio”.
El parque de Belvís, vaguada que actuó como foso natural de la ciudad medieval y que reúne huertas, senderos y vida de barrio.
Una de las salas del Centro Galego de Arte Contemporáneo.
Sí, la esencia de San Pedro une pasado y presente. Y se advierte a la perfección en uno de sus extremos. Allí confluyen, casi se rozan, el Museo do Pobo Galego (Costa de San Domingos, 3), construido en un antiguo convento del siglo XIV, y el Centro Galego de Arte Contemporáneo (Valle Inclán, 2), diseñado por Alvaro Siza. Junto a la arquitecta gallega Isabel Aguirre, el portugués concibió, además, un jardín público en forma de zigzag que inspira la forma del edificio... y viceversa: el Parque de San Domingos de Bonaval. “Es poco evidente su entrada. Es un gigante escondido. ¡Muy chulo”, asegura Marcos PTT. Con el colectivo Galiza Emocional (galizaemocional.gal), este creador escénico diseñó un paseo sonoro que, a través de entrevistas a los vecinos –que “cuentan lo que sucede en cada esquinita”, precisa Durán–, recorre San Pedro. Un barrio con acogedoras “placitas: la de 8 de Marzo, la de la iglesia, la de San Pedro, la del Crucero”, concreta el director teatral. Un escenario con “’recunchos’ (rinconcitos) muy bonitos, como la zona de la Iglesia da Nosa Señora da Angustia”, prosigue. Y un entorno que “conserva una escala rural y una generosidad de espacios verdes integrados en la propia trama urbana”. Así lo comenta Iván Andrés Quintela, que comparte con su hermano Óscar, Arrokabe Arquitectos (San Pedro, 92).
Mononoke, uno de los pequeños negocios que se despliegan en el barrio de San Pedro.
Jorge Gago, chef de A Maceta, asegura que en el barrio de San Pedro “se juntan demasiadas vertientes y todas son bienvenidas: nada molesta”.
Desde la ventana de su estudio, Quintela puede ver la Torre del Reloj de la Catedral de Santiago, que ellos mismos están rehabilitando, “un espacio de huerta tradicional, amplio, con frutales y con gallinas” y el Parque de Belvís, otro de los “pulmones” de Santiago y que arropa “un barrio vivo que permite que aparezcan negocios innovadores o singulares”, precisa. “Hay movimiento, oportunidades, se puede arriesgar. Y eso, a día de hoy, en el centro es casi imposible”. Pero San Pedro no solo mantiene un humano y propio tejido comercial, también una intensa actividad cultural y asociativa que, según Marcos TT, “genera una vida más allá de dinámicas cada vez más presentes en ciudades donde el individualismo nos encierra en casas como si fuésemos células de una cárcel”. De ahí que, a ojos de Jorge Gago, este sea el entorno “más diverso seguramente de Santiago” y que, como resume Quintela, aún conserve “mucho sentimiento, conciencia y orgullo de barrio”.
Pablo Iglesias y Lorena Durán llevan diez años impulsando la experimentación sonora contemporáneaa través de Colapso Colectivo. Hace dos años abrieron El Muelle 1931 justo enfrente de donde residen: “Todos los que vivimos cerca hacemos vida en el barrio”, reconoce Durán.
Diseño y sostenibilidad conviven entre objetos curiosos, detalles con personalidad y piezas difíciles de encontrar. “Una tienda pequeñita con productos singulares y muy cuidados de diseño”, dice Iván Andrés Quintela.
Rúa de San Pedro, 33.
“Un espacio pensado más para el barrio que para los turistas. Funciona como taberna y como centro sociocultural privado que cede sus salas de forma altruista para actividades. Además, es una de las pocas edificaciones de Santiago que aún conservan la tipología medieval”, comenta Quintela.
Rúa de San Pedro, 15.
Impulsado por el artista NoveNoel y la cooperativa Cestola, este espacio autogestionado está dedicado a la creación conjunta, la venta de obra gráfica, pintura e ilustración y acoge clases de dibujo y pintura. Conserva parte de la identidad de la antigua ferretería que lo ocupó.
Rúa de San Pedro, 52.
En la actualidad, cerca del 95% de los kilómetros que recorren los trenes de Renfe lo hacen alimentados con energía eléctrica de origen 100% renovable.