Texto: MARIO SUÁREZ
Via Augusta, 39. conrelleno.com
Con este cinematográfico espacio futurista e inmersivo, diseñado por Isern Serra, Oriol Reull quiso demostrar que Italia no es solo excelencia culinaria, sino también sinónimo de buen diseño. En el menú personalizable las estrellas son la carbonara y las ‘mozzarella in carrozza’.
Via Augusta, 175. fundacionpsv.org
En este precioso edificio, abierto con frecuencia al público para exposiciones y eventos, se cuidan los archivos fotográficos de artistas como Oriol Maspons, Leopoldo Pomés, Manuel Outumuro, Isabel Azkarate (primera fotoperiodista de Euskadi) o Jacques Léonard, que retrató con maestría la vida gitana de los años cincuenta.
Comte Salvatierra, 6. velodrom.cc
En este espectacular espacio consagrado al ciclismo no se han presenciado todavía desmayos, pero sí palpitaciones fuera de control. Además de productos de Wilier Triestina, Factor, Specialized Pas Normal o Rapha, el equipo ofrece también estudios biomecánicos, taller de reparación y un servicio de fisioterapia para prevenir lesiones.
Vilarós, 3.
Conservas de primera, vinos naturales, quesos, ostras, ibéricos… El chef Ricard Torres, que trabajó con Jean-Paul Vinay, elige una fórmula honesta y clara: menú de mediodía, bar de vinos (a la venta a precio de tienda) y platillos de calidad. En este híbrido de bodega y bistró lo mejor son los guisos y los clásicos como la ‘samfaina’.
Texto: Marta Domínguez
Passeig de Gràcia, 68.
Uno de los hoteles más emblemáticos de la ciudad, el Majestic, necesitaba un cocinero de renombre que devolviera la personalidad a su restaurante. En un enclave de hospitalidad tan icónico, la cocina no puede resultar un servicio más al cliente: debe ser identidad, ancla y manifiesto. Nando Jubany, una estrella Michelin, recoge el testigo de Fermí Puig. Jubany se mantiene firme al concepto “del huerto a la mesa”, con carnes de productores locales y pescados de la lonja de Barcelona y Vilanova i la Geltrú, en una carta delicada y tradicional.
Passatge de la Concepció, 11.
Situado entre Passeig de Gràcia y Rambla de Catalunya, el Passatge de la Concepció se ha convertido en los últimos años en un enclave gastronómico (Tragaluz, El Japonés, Petit Comité, Bocagrande), además de alojar la emblemática casa de moda Santa Eulàlia en una de sus entradas. Pur es otro de los restaurantes del pasaje, con una sala elegante y una barra siempre animada pero tranquila, donde pedir caprichos como los erizos de mar con salsa bearnesa y caviar. Otras especialidades de la carta: las gambas, el tuétano o el bogavante frito con cebolla de Figueres al coñac. Atentos a la agenda, ya que hay colaboraciones puntuales tan interesantes como la de Nandu Jubany y Quim Vila (Vila Viniteca) en el Gran Menú de la Trufa.
Rambla de Catalunya, 63.
Después de casi desaparecer en la última década, las pocas tiendas multimarca que resistieron el envite de la compra ‘online’ son más apreciadas que nunca por un público que busca refinamiento, calidad e ideas interesantes. La relación de Nino Álvarez con la mayoría de sus clientes se remonta a décadas. Desde su fundación en 1970, entonces dedicada solo a moda masculina, la ‘boutique’ ha confiado en una sabia mezcla de valores seguros (Incotex, Tod’s, Aspesi, CP Company) y nombres en tendencia (Golden Goose, On Running, Veja, Jacob Cohen).
Pau Claris, 115.
Tras ocho décadas en Rambla Catalunya, Gancedo se muda a unos minutos de paseo, a la señorial Pau Claris. Su espectacular portfolio de telas, papeles pintados, pasamanería, alfombras y pinturas incluye a los clásicos y a los jóvenes más aventajados: Sanderson, Morris & Co., Fabricut, Clarence House, Mind the Gap. El ‘showroom’ tiene un enfoque claramente profesional, aunque el cliente particular también puede pedir cita previa y disfrutar durante horas de todas las posibilidades de la alta decoración. Fundada en 1945, la firma se mantiene como una empresa familiar, hoy en su cuarta generación. Su filosofía: artesanía, especialización, cultura, belleza y gran durabilidad, radicalmente opuestos al “usar y tirar”.
Llibertat, 7.
Esta pequeña embajada de lo atlántico, comandada por Lester y Belén, selecciona productos de nuestros vecinos portugueses. El mimbre, el barro o la madera están presentes en objetos humildes, útiles, sostenibles, ingeniosos e imperfectos. Ocasionalmente trabajan con artesanos como Álvaro Leiro (colaborador de Loewe), Idoia Cuesta o Juan Manuel Marcilla. Los superventas de la casa: los maceteros, las golondrinas de cerámica y las lámparas de terracota. La elección de materiales humildes responde a un espíritu desacelerado y una vida sencilla.
Bonavista, 6.
Una de las calles más vivas de Gràcia tiene en este espacio de interiorismo un oasis de tranquilidad y silencio. Solo rompe la calma Ago, el terrier simpatiquísimo que da nombre a la tienda. El italiano Federico Crocella agrupa, en una apuesta instintiva por el tacto y el buen gusto discreto, antigüedades de Europa y Asia. Una antología de muebles, vasijas, cristalería (diseñada por el mismo Federico), textiles y objetos curiosos que escapan de modas vulgares. Las piezas recuperadas, restauradas y reinventadas son un manifiesto por la sostenibilidad.
Carolines, 20.
Gaudí apenas había cumplido los 30 cuando ideó en 1883 esta residencia particular con influencias islámicas y orientales. El arquitecto empleó azulejo cerámico, prestó especial atención al jardín y se obsesionó con su iluminación y ventilación. El rincón más familiar es la tribuna situada junto al salón, abierta a la vegetación por unas celosías de madera. Esta casa modernista, considerada la primera gran obra de Gaudí, se restauró al público en 2017. Recuperaron las policromías originales y abrieron el edificio a los barceloneses.
Bonavista, 2.
Esta boutique de ropa masculina, capitaneada por Álex González, apuesta por una mezcla interesante de marcas emergentes y firmas históricas, como las Boinas Elósegui, con 160 años de experiencia; la marinera Le Mont Saint Michel, que pronto será centenaria; la portuguesa Musgo Real, que sigue presente en muchas casas del país; o los normandos Saint James, de 1889. También creen en el joven talento local, como Steve Mono o Hemen. González defiende la calidad atemporal, la confección en pequeños talleres y la historia detrás de cada firma.