Texto: MARIO SUÁREZ
Libertad, 1. celsoymanolo.es
¿Desde cuándo un restaurante puede llamarse clásico? Este, en concreto, ya nació siéndolo, allá por 2014. Recuperó la esencia de “tasca de toda la vida”, y se convirtió en un lugar de peregrinaje para los que ya eran seguidores de la cocina de la familia Zamora y su vecina Taberna La Carmencita. Hoy sigue siendo una referencia culinaria en Madrid, apostando por la improvisación sin reserva tras su barra de ocho metros de mármol. Pero también a través de su coqueto salón, por donde pasan sus platos habituales ya famosos: chuletón de tomate con seis cosas ricas (receta registrada), croquetas de bacalao o soldaditos de pavía. Una vuelta al origen.
Barquillo, 23. thinkingmu.com
Dicen que lo que ofrecen aquí de comer es “un poco Lima/un poco Brooklyn, bastantes travesuras, algo de picante, los mejores ingredientes y una nostalgia tremenda por el país que dejamos hace ya décadas”. Este restaurante y bar peruano se ha convertido en uno de los habituales del barrio, en la frontera entre Salesas y Chueca. Un ambiente ‘afterwork’ siempre animado, donde arrancar con un cóctel y acompañar con ceviches, escabeches y guiños al recetario chifa: ostra chalaca con leche de tigre de tomate, ‘anticuchos’, ‘sanguchitos’ y un popular y concurrido ‘brunch’.
Plaza de Carlos Cambronero, 2. enbruto.com
La extensión del universo artesanal del Grupo Lamucca es este obrador y cafetería de especialidad donde tienen protagonismo los panes de masa madre elaborados con harinas ecológicas y una cuidada selección de bollería y sándwiches. ¡Atención a su ‘brunch’!
Santo Tomé, 4. galeriaa.es
Dedicado al diseño de mediados del siglo XX, con especial atención al mobiliario escandinavo (Hans J.Wegner, Arne Vodder o Fritz Henningsen). El proyecto, vinculado al diseñador Ángel Schlesser, destaca por una cuidada curaduría que mezcla tradición y mirada contemporánea.