El legado inglés
que transformó
Huelva
Texto GALO MARTÍN APARICIO
El paso de los británicos por la provincia onubense, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, fue decisivo para su desarrollo. Su influencia no solo se palpa en la arquitectura y las costumbres de la capital o en el impactante paisaje que define su Cuenca Minera, también marcó los inicios del turismo en Punta Umbría.
El Parque Minero de Riotinto, que permite hoy recorrer parte del trazado original del ferrocarril que, desde 1875, conectaba las minas con el Puerto de Huelva.
Atardecer en el Muelle de la Compañía Riotinto, que discurre sobre la ría de Huelva (donde confluyen los ríos Odiel y Tinto) y fue rehabilitado en 2007.
“Los británicos
de las minas
descubrieron
Punta Umbría
como destino
turístico"
Entre 1873 y 1954, un grupo inversor británico explotó los yacimientos de metales a cielo abierto –ricos en cobre– situados entre Minas de Riotinto y Nerva, en la Cuenca Minera, al norte de Huelva. Para ello, los británicos construyeron una red de ferrocarril y muelles, abrieron hospitales y hoteles, y levantaron barrios victorianos. Y, como no todo era trabajar, introdujeron el fútbol, el tenis y el criquet. Además, transformaron Punta Umbría en un balneario, un lugar de descanso impulsado por Guillermo Sundheim (empresario hispano-alemán clave en el desarrollo de Huelva) para “los trabajadores de las minas y sus familias, que pasaban allí dos meses en casas de madera para recuperarse de las dolencias derivadas de su actividad”, dice Manuela Pomares, bióloga de Foredunes, centro de divulgación del patrimonio costero. De todo aquello queda la Casa del Guarda (Rocío López Viuda de Madrid, 1A), las recreaciones del Centro de Interpretación Casa de los Ingleses (Av. Ciudad de Huelva, 11), la Oficina de Turismo (Av. Ciudad de Huelva, 1), y el Ayuntamiento de Punta Umbría (Pza. de la Constitución), un edificio inspirado en las antiguas casas inglesas.
Las fachadas, los tejados a dos aguas y los elementos decorativos del Barrio Reina Victoria (o Barrio Obrero) siguen el modelo de ciudad jardín que surgió en Inglaterra a finales del siglo XIX.
Vista aérea de la playa de Punta Umbría.
Manuela Pomares, bióloga e integrante del equipo Foredunes (formacionforedunes.com), centro de formación en Ciencias Biológicas y Ambientales dedicado a la divulgación del patrimonio costero.
Edificaciones que nada tenían que ver con el Hotel Colón –hoy Casa Colón (Pl. del Punto, 6)–, en la ciudad de Huelva. Cuando Sundheim lo puso en pie, en 1883, fue el más lujoso de la época... y uno de los más efímeros: en 1896 cerró. Se construyó para alojar a directivos de las compañías que operaban en la cuenca minera. Allí también se firmó en 1889 el acta fundacional del Huelva Recreation Club, el Recreativo de Huelva, decano del fútbol español, fundado por escoceses a iniciativa del médico William Alexander Mackay.
Para alojar a los profesionales cualificados españoles de la compañía, en 1916 se construyó, junto al Hospital de los Ingleses, el Barrio Reina Victoria. Una ciudad jardín de estilo inglés y neomudéjar, aún habitada y declarada Bien de Interés Cultural. Distinción que ostentan los dos muelles urbanos en los que se cargaba el mineral y que se adentran en el río Odiel. Solo se puede visitar el de la Compañía Riotinto: una estructura de hierro y madera de 1.200 metros de largo, de los que 500 discurren sobre la ría de Huelva, y que estuvo activa entre 1874 y 1975. El muelle hoy es un mirador para contemplar el atardecer malva, lila y dorado onubense. Ambos muelles se extendían unos 80 kilómetros al norte, donde están las minas.
A lo largo de 5.000 años de historia, el entorno minero de Riotinto-Nerva, rico en minerales, sobre todo, cobre, fue explotado por distintas civilizaciones: tartesos, fenicios, íberos, romanos, visigodos, árabes... Entre 1873 y 1954, diferentes compañías británicas impulsaron su industrialización, lo que convirtió a esta cuenca, situada a unos 80 kilómetros al norte de Huelva, en una de las zonas mineras con actividad continuada más antiguas del mundo.
La Cuenca Minera es un territorio que parece Marte y en el que está el Parque Minero de Riotinto, un complejo articulado a partir del Museo Minero de Riotinto Ernest Lluch, ubicado donde antes estuvo el hospital de la compañía. En el parque también están las cortas de Peña de Hierro y Atalaya, el victoriano Barrio de Bella Vista, donde residían los dirigentes de la compañía, una capilla anglicana y un club social. Hoy, la casa número 21 es un museo etnográfico. Aunque el gran reclamo es el recorrido en el antiguo ferrocarril minero. 22 kilómetros que discurren en paralelo al cauce del río de agua color cobrizo (por los sedimentos de óxido y sulfuros que arrastra desde su nacimiento). Viendo ese paraje marciano se intuye la necesidad de respirar el aire fresco de Punta Umbría. “Sin embargo, al final la descubrieron como turismo. Aquellos tipos fueron los primeros turistas de nuestro pueblo”, dice Manuela.
La circulación diaria de todos los trenes evita al año la emisión de 5,7 millones de toneladas de CO2 y supone un ahorro de 1,1 millones de toneladas equivalentes de petróleo.