Sad Hill:
un cementerio que revive
en tierras de Burgos

 

Texto GALO MARTÍN APARICIO

Es uno de los escenarios más icónicos del ‘spaghetti western’. Pero no se encuentra en Nuevo México sino en la comarca de Arlanza. Se trata de un camposanto, aunque sus tumbas están vacías. Hoy, es lugar de peregrinaje para cinéfilos gracias a la labor de reconstrucción que realizaron voluntarios movidos por su amor al (séptimo) arte.

 

Allí, en 1966, se rodó la escena final de El bueno, el feo y el malo, donde aparecen sus tres protagonistas: Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef.

Situado en la transición entre la meseta del Duero y la sierra de la Demanda, el cementerio de Sad Hill cuenta con 5.000 tumbas, aunque todas vacías.

 

 

“Nadie puso
un cartel de
Prohibido tocar,
escenario de cine
,
y se abandonó
a su suerte”

 

 

Es uno de los escenarios más icónicos del spaghetti western. Pero no se encuentra en Nuevo México sino en la comarca de Arlanza. Se trata de un camposanto, aunque sus tumbas están vacías. Hoy, es lugar de peregrinaje para cinéfilos gracias a la labor de reconstrucción que realizaron voluntarios movidos por su amor al (séptimo) arte.

 

De no haber sido el menos malo de los tres protagonistas de ‘El bueno, el feo y el malo’, película dirigida por Sergio Leone, se hubiera podido decir que Clint Eastwood murió una vez en tierras burgalesas. Pero no, ni el bueno de Clint murió, ni tampoco hay ningún cuerpo enterrado en Sad Hill. Es un sitio ficticio al que muchos peregrinan para hacer turismo de pantalla. Se encuentra en el valle de Mirandilla, en Burgos, dentro del Parque Natural de Sabinares del Arlanza – La Yecla. Este decorado perenne queda en medio del triángulo formado por los pueblos Carazo, Contreras y Santo Domingo de Silos. Un paraje que Leone y su equipo hicieron creer a los espectadores que era Nuevo México, el Río Grande y Santa Fe, sumando la provincia burgalesa al desierto de Tabernas (Almería) y al paisaje rocoso de La Pedriza (Madrid) como una localización más del ‘spaghetti western’.

En el cementerio de Sad Hill no hay muertos, ni flores, ni epitafios; sí unas cinco mil cruces de madera sobre túmulos vacíos hechos con arena moldeada entre sabinas centenarias y formaciones rocosas. Un decorado de forma circular con un diámetro aproximado de 30 metros en el círculo central y unos 300 metros en el conjunto exterior. Sergio García, fundador y presidente de la Asociación Cultural Sad Hill, cuenta que el biógrafo de Leone (Sir Christopher Frayling) dijo que el director se inspiró en el Coliseo de Roma para su construcción. Fue en aquella arena donde Leone concibió el duelo final, aunque en vez de gladiadores se baten tres pistoleros al son de la música de Ennio Morricone.

Lo pusieron en pie 250 soldados del ejército de Franco en 1966. Un ejército que participó como figuración e incluso tuvo que volar un puente sobre el río Arlanza con dinamita. A los figurantes se les pagaba muy bien. “Ese año los vecinos no fueron a recoger el cereal al monte porque cobraban más como extras que de labradores”, cuenta Sergio, que realiza visitas guiadas al cementerio ataviado con sombrero, revólver y poncho raído sobre los hombros. La producción estableció cuatro sets de rodaje: el monasterio San Pedro de Arlanza, donde se ubicó la Misión de San Antonio; el campo de prisioneros de Betterville, que se instaló cerca de Carazo; el puente de Langstone, en el valle de Arlanza, y Sad Hill.

Al equipo no le importó lo que fuera a pasar con el cementerio después. “Nadie puso un cartel de ‘Prohibido tocar, escenario de cine’, y se abandonó a su suerte”, explica Sergio. Pasó el tiempo. Hasta que en 2014 Sergio García y unos amigos lo recuperaron para su 50 aniversario. Con picos y palas limpiaron, adecuaron el lugar, desenterraron el empedrado original y localizaron el punto exacto en el que se encontraba la tumba de Arch Stanton (el malo). Para financiar el proyecto se podía apadrinar una tumba por 15 euros. Una labor que quedó registrada en el documental ‘Desenterrando Sad Hill’ (2018), de Guillermo de Oliveira.

Es un lugar único y, al mismo tiempo, una puerta de entrada al patrimonio natural, histórico y gastronómico de la comarca. El acceso es libre y gratuito; aunque se recomienda contratar a Sergio García y sus compinches para una visita guiada, teatralizada y llena de curiosidades sobre un cementerio que retó a la crónica de su muerte anunciada

 

“Lo primero que suele preguntarse la gente es cómo se rodó aquí El bueno, el feo y el malo”, asegura Sergio García, fundador y presidente de la Asociación Cultural Sad Hill (acsadhill.es). Y es que para llegar a este insólito lugar primero hay que ir a Santo Domingo de Silos o a Contreras (en 1966 solo existía este acceso). Desde cualquiera de esos dos pueblos burgaleses, se debe continuar por una pista a medio asfaltar, estrecha, de tres y cinco kilómetros, respectivamente.

 

La circulación diaria de todos los trenes evita al año la emisión de 5,7 millones de toneladas de CO2 y supone un ahorro de 1,1 millones de toneladas equivalentes de petróleo.