Santander:
el lenguaje que esconden
sus rótulos

 

Texto GALO MARTÍN APARICIO - Fotos BELÉN DE BENITO

Antiguos letreros de neón, carteles grabados en piedra y tipografías de otra época forman parte del patrimonio gráfico de la ciudad cántabra. Son la memoria visual de su pasado comercial, pero también evocan la esencia de quienes dieron vida a estos espacios. Una herencia sobre la que busca proyectar su futuro.

 

Muy cerca de la Plaza Pombo, este rótulo de la agencia de viajes del armador Francisco García, realizado a principios del siglo XX con una tipografía limpia, de palo seco, resistió el incendio de 1941.

El Botón de Oro (Lealtad, 1), mercería abierta en 1954, con rótulo de vidrio y tipografía script.

Letrero de neón del cine Los Ángeles.

El 60% de los rótulos han
desaparecido
por falta de
relevo generacional,
gentrificación y estandarización
comercial

 

El rótulo de neón del cine Los Ángeles (Ruamayor, 6) es un superviviente de ese Santander que se extingue. Un diseño que destila modernidad desde los años 50. La tipografía es la caligrafía de su antiguo dueño, Marcos Restegui Vega, quien con su pulso, puño y letra escribió el nombre de su mujer. Ver de noche el neón encendido tiene la trascendencia de sentir el viento sur o cruzar la bahía a bordo de una embarcación de Los Reginas.

 

Rótulo de La Novedad, inspirado en “unas corbatas que se salvaron del incendio, cuyas etiquetas tenían ese diseño”.

Una señal de poder

Como los socorristas de la playa del Sardinero con los bañistas, Federico Barrera, ‘Fede’, alentado por una lectura recomendada (‘Itinerarios tipográficos en Valencia’, de Juan Nava) por una profesora de la Facultad de Bellas Artes y las historias que le contó su abuelo sobre el bar que regentó, empezó a patearse las calles de su ciudad equipado con una cámara de fotos y un cuaderno para inventariar la memoria gráfica santanderina en forma de rótulos. Para visibilizarlo, creó Santatipo (santatipo.es) y un perfil en Instagram (@santatipo) en el que fue colgando fotos e historias de los letreros, además de algún dato técnico. Después vino la pulsión de rescatarlos y poner a salvo esos carteles y fachadas que cada vez se despegan más de los negocios en peligro de extinción: mercerías, papelerías, ferreterías, tiendas de ultramarinos... Iniciativas similares a la suya existen también en otras ciudades –Valladolid con carácter, Rótulos chuléricos, Aragonletters, Sevillatipo, Veo letras, Paco Graco…– y forman la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico. Una labor que todos ellos realizan de manera altruista, voluntaria y sin apenas recursos.

 

Tipografía de la sede del Banco Santander, referencia obligada de la ciudad, es romana clásica y de gran formato, acorde a la arquitectura del edificio donde se encuentra, en el arco de la Plaza Porticada. 

El proyecto Santatipo también busca recuperar todo lo posible el patrimonio gráfico.

 

“Aportas un valor al contexto sociocultural de tu ciudad, mostrando una versión distinta de la habitual”, dice Fede, quien imparte charlas sobre patrimonio gráfico, ha celebrado dos exposiciones y publicado un libro, ‘Santatipo. Memoria tipográfica de los rótulos comerciales de Santander’ (Libros.com). Piensa que el 60% de los rótulos han desaparecido por la falta de relevo generacional, la turistificación, la gentrificación y la estandarización comercial, en la que el vidrio, la madera o la cerámica se han sustituido por anodinos vinilos de plástico con tipos sin gracia.En Santander, además, el gran incendio de 1941 hizo que desaparecieran muchos rótulos del centro. Por todo ello, Santatipo ha creado un archivo físico con más de 80 rótulos rescatados y otros materiales gráficos (etiquetas, bolsas, papel de estraza...), que aspira a conservar en un “museo vivo”.

En la plaza de Cañadío se encuentra la mítica Bodegas La Conveniente, fundada en 1901, y en cuya fachada está escrito el nombre del negocio con tipografía moderna.

El Mercado de la Esperanza (inaugurado en 1904) recibe al visitante con
unas letras de bronce en relieve y con la “M” con un estilo florido.

 

En la calle Cisneros todavía se conserva uno de los tres vidrios sobre el que
está pintado el nombre de un negocio ya cerrado: Mercería Mari Pili.

 

Muchas de las notas que Fede atesora las comparte en los ‘safaris’ tipográficos por Santander para descubrir los rótulos que quedan y se han convertido en joyas gráficas. “El trabajo de sensibilización de más de diez años está dando frutos”, destaca. Su esperanza es que los nuevos negocios hagan como una tienda de discos que se instaló en un local histórico, preservó la fachada original y colocó un rótulo que conversa con la memoria del lugar.

Para llegar a Santander se puede hacer vía Madrid, desde la estación Chamartín-Clara Campoamor, en tren directo, con una duración de poco más de cuatro horas, o también desde Bilbao, en los trenes de Media Distancia. Asimismo, y gracias a los trenes transversales, Santander está conectada por tren con Alicante, Albacete, Cuenca, Segovia, Valladolid y Palencia.

 

La circulación diaria de todos los trenes evita al año la emisión de 5,7 millones de toneladas de CO2 y supone un ahorro de 1,1 millones de toneladas equivalentes de petróleo.