ESTACIÓ DEL NORD (VALÈNCIA) / 1920

En las inmediaciones de la calle Xátiva, ubicación de la plaza de toros de València, se alza la Estació del Nord (Estación del Norte), con su característica fachada. La foto, tomada en la década de 1920, reúne múltiples signos de su tiempo, como los coches de caballos que pueden verse circulando o la publicidad del anís Maura, bebida creada en el antiguo municipio valenciano de Real de Montroi por seguidores del expresidente del Gobierno Antonio Maura, que volvería, en esos años, a ocupar un cargo como ministro bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera. La Estació del Nord había sido reinaugurada en 1917 tras unas largas obras de ampliación, que hicieron que creciera de sus anteriores 5.000 metros cuadrados hasta los 15.000. Después de la reapertura, se convirtió en una de las más importantes estaciones de la red nacional. Actualmente, cuenta con las declaraciones de Monumento Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural.

MADRID / 1944

Era el adalid de la anhelada modernidad. El prototipo del Talgo I suponía la entrada de España en el futuro. En 1944 se presentó el primer modelo que cambiaría la forma de viajar de todos. Sus primeras pruebas en Madrid pusieron al convoy a 120 km/h, que llegó a superar en un viaje desde la estación de La Cañada hasta Ávila, con 135 km/h. La apuesta por la velocidad era concluyente, ya no había vuelta atrás. Su imagen sonriente, casi animada, acompañaba a muchos de los innovadores conceptos que aportada este tipo de tren: dinamismo, comodidad y cercanía. Los Talgo dejaban atrás los coches de 26 metros de longitud por una armadura articulada de vagones más bajos, de aluminio y más bajos. Fueron diseñados por la empresa española Patentes Talgo, cuyas siglas eran Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol, por el diseñador Alejandro Goicoechea. A los pocos años llegó el Talgo II, en 1950, cuando ya arrancaron los primeros viajes comerciales. Entonces, ya se podía decir que había llegado el ansiado progreso. 

BARCELONA-SANTS / 1948

En 1948 se conmemoraba el centenario de la inauguración del ferrocarril en España, cuyo primer recorrido fue de Barcelona a Mataró. Por esta razón, en ese año, en la Ciudad Condal se organizó una exposición con imágenes y documentos históricos, cuya labor de archivística derivaría, más tarde, en la creación del Museo del Ferrocarril de Madrid. La plaza de Sants, animada y solemne, entonces llevaba el nombre del empresario y político carlista Salvador Anglada. Y en sus alrededores, el recorrido se acompañaba con carteles anunciando las fiestas de La Mercé. También ese año el Barça había ganado la Liga y se encaminaba a hacerlo por segundo año consecutivo. En paralelo a la rivalidad futbolística, el compositor Manuel Moreno escribía la canción ‘Qué bonita es Barcelona’, mientras en la capital se originaba el chotis más famoso de la historia, ‘Madrid’.  
 

ESTACIÓN DE SEGOVIA / 1949

Arrancaba enero de 1949 con dos hechos históricos: Harry S. Truman juraba su segundo mandado como presidente de los EE UU y las tropas comunistas ocupaban la ciudad de Pekín. El mundo comenzaba a cambiar, aún estaba muy presente el fin de la II Guerra Mundial, y España ansiaba con tomar algo de impulso tras años de necesidad y poco futuro. El tren era casi la única esperanza hacia el cambio, entre una ciudad y otra, entre lo rural y la incipiente vida urbana. La línea de ferrocarril de Villalba a Medina del Campo, con paso por Segovia, atravesaba la sierra de Guadarrama, conectando la meseta norte con la meseta sur. Parte de este tramo fue electrificado en 1944, lo que permitió reducir los tiempos y mejorar la comunicación. Conectaba localidades como Fuente-Olmedo, Ausin, Hontanares de Eresma, Navas de Riofrío, Cercedilla, San Rafael, El Espinar, Alpedrete... En 1993, la aparición del Cercanías y la poca afluencia de público obligó a su cierre. Hoy una vía verde recuerda su espíritu de cambio, de lucha por una mejor vida.

VALENCIA DE ALCÁNTARA / 1951

El año 1951 comenzaba con una buena noticia. El 1 de enero se creaba el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR; también el 23 de abril, se fundaba la Asociación de Academias de la Lengua España en México; y Libia se independizaba de Italia. Hitos históricos en el mundo que sobrepasaban, sin apenas rozar, la realidad que muchos vivían en España, donde la mayor noticia, probablemente, venía con el silbato del tren. Esto pasaba a los vecinos de la localidad de Valencia de Alcántara, en Cáceres, que desde los años 40 ya era una parada habitual en los trenes que arribaban en Portugal. Su estación era el lugar donde bajaban y subían viajeros de toda España camino al país vecino: jóvenes empresarios en busca de un futuro, trabajadoras que servían en Madrid, enamorados a los que la frontera separaba, burgueses que ya habían descubierto las delicias de Cascais o Lisboa… Un polvorín de idas y venidas, de personajes que animaban la tranquila vida de una estación que era refugio de la modernidad que el tren aportaba a los pueblos extremeños.

ESTACIÓN DE VALLADOLID - CAMPO GRANDE / 1953

Una de las paradas de la línea ferroviaria entre Madrid e Irún era la de la estación Valladolid-Campo Grande, inaugurada en 1864 y aún operativa. Esta imagen tomada en 1953, donde se ve a un operador y, al fondo, un vagón con garita, comparte año con el lanzamiento de la primera bomba nuclear por parte de Estados Unidos, la muerte de Iósif Stalin o el estreno en Francia de la emblemática obra de Samuel Beckett ‘Esperando a Godot’. Para España, aquel año fue, sobre todo, el de la integración en el eje occidental, a través de los pactos con EE UU (que implantaría cuatro bases militares a cambio de ofrecer ayuda económica) y el concordato con la Iglesia católica, que pusieron fin al aislamiento internacional del régimen de Franco. En el plano cultural, a la Seminci de Valladolid aún le faltarían tres años para dar inicio, pero en septiembre haría de avanzadilla el Festival de San Sebastián. 

SESTAO / 1953

La vida iba demasiado deprisa en la factoría de la Sociedad Española de Construcción Naval de Sestao, en Vizcaya, en 1953. Allí, decenas de operarios eran parte, aún sin saberlo, de la evolución del transporte en España. Cada giro de tuerca, suponía un paso más hacia la modernidad. En esa fábrica de la margen izquierda de la Ría de Bilbao se realizaba el montaje de carros giratorios o ‘bogies’ que después recorrerían toda España. Era un símbolo más del progreso, el que también se vivía a unos metros de este lugar, pues ese mismo año, el campo de fútbol de San Mamés se ampliaba, haciendo crecer el mito de la catedral del balompié. También era el año en el que los adolescentes podían ya elegir entre Letras o Ciencias en Bachillerato, el que nacía la Filmoteca Nacional o la fecha en la que Santander por fin inauguraba su aeropuerto. Tiempos de crecimiento como país y también en lo cultural, aunque 1953 quedará marcado por un error de cálculo artístico, pues una obra de Goya, ‘Dama con abanico’, fue vendida ese año por apenas 1.400 libras esterlinas, 1.600 euros de hoy. Aún faltaba conciencia de patrimonio... 

ESTACIÓN DE MADRID ATOCHA / 1953

Mientras en las radios suena la voz de Bobby Deglané con su ‘Cabalgata fin de semana’, los españoles dejan sus pueblos para abrirse paso en la capital, soñando con una vida mejor, como la que muestran películas estadounidenses como ‘Vacaciones en Roma’ (1953). Los niños de entonces se divierten jugando a las canicas y leyendo los nuevos tebeos del piloto espacial ‘Diego Valor’. También viviendo aventuras extraordinarias a sus ojos y relacionadas con el tren. Experiencias dignas de conservarse en instantáneas como la que el fotógrafo Carlos Diego Marquand Wyrsch-Güyer toma en la estación de Madrid-Atocha. Un crío de ojos sorprendidos posa con dos ferroviarios orgullosos de su oficio y del automotor diésel TAF de la serie 595, una de las más modernas locomotoras de la época. Al fondo, para que nadie se retrase, el emblemático reloj de la estación. Suena el silbato. ¡Viajeros, al tren! 

ESTACIÓN DE PRÍNCIPE PÍO / 1954

Acaba de estrenarse en España la película 'Los caballeros las prefieren rubias', con Marylin Monroe invocando una nueva femineidasd que calaba entre las jovencitas que aspiraban a una vida de lentejuelas y glamour. Pero 1954 fue también el año en el que entró en vigor la Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer de las Naciones Unidas, el primer instrumento de derecho internacional que reconocía sus derechos. A nuestro país aún le quedaba bastante para esa igualdad y esa protección de la vida social, legislativa y profesional de la mujer. 

Aún así, pequeños gestos de independencia empezaban a vislumbrarse, algunos tan simples como el de coger un tren de Cercanías con un grupo de amigas, quizás rumbo a otra ciudad, o camino a un futuro laboral más prometedor en la capital. 

ESTACIÓN DE PRÍNCIPE PÍO / 1954

El año 1954 fue el de la actriz española Marisa de Leza, que ganaba el premio a la mejor actriz en el Festival de Cine de San Sebastián. También el año en el que fallecía la pintora Frida Kahlo y en el que Hemingway recibía el premio Nobel de Literatura. En Madrid, por entonces, la ciudad se acercaba a una vida más urbana y europea, más rápida también. Un cosmopolitismo en ciernes que hacía que los ciudadanos fueran a la estación de Príncipe Pío, no solo a coger un tren, también a tomar un café o un chato de vino. En su vestíbulo ya era famoso su bar, donde poder esperar antes de subir al convoy o aguardar la llegada de un familiar de otra parte de España. Con esta barra, la capital parecía estar más cerca de Nueva York. No era el Oyster Bar de Grand Central, pero también se conversaba junto a un mostrador entre pitidos de tren. 

 

ESTACIÓN DE SEVILLA - SAN BERNARDO / 1955

Coches y carros de caballos aguardan a los recién llegados a la estación de San Bernardo, en Sevilla, en esta imagen tomada en noviembre de 1955. Un año muy cinematográfico para la capital hispalense, que acogió la producción de ‘Congreso en Sevilla’ y ‘Good Bye, Sevilla’, protagonizadas por dos de las mayores personalidades del momento, Carmen Sevilla y Marujita Díaz. Al otro lado del charco, Elvis Presley iniciaba su primera gira por Estados Unidos, mientras la carrera de otra joven estrella, el actor James Dean, llegaba a su abrupto fin con un accidente de tráfico. Solo un mes después, el aislamiento internacional de España terminaría con su ingreso en la ONU. El franquismo, sin embargo, no había alcanzado su ecuador y la sombra del autoritarismo se cernía ahora sobre Argentina tras un golpe de Estado que derivó también en dictadura militar. Mucho dio de sí aquel año.

ESTACIÓN DE FRANCIA/ 1957

Se prometía un buen año y así lo fue. España, en 1957, empezaba a perfilar una modesta modernidad que tenía en el tren uno de sus mejores aliados. El tren automotor diésel TAF de la serie 595 de Renfe (serie 9500 en numeración antigua) cubría la línea Madrid-Barcelona, con la estación de Francia como una de las cabeceras del trayecto. También en ese año se ponía a la venta el primer Seat 600 y en lo cultural un ilustre Camilo José Cela ingresaba como nuevo académica de la Lengua. El dramaturgo Buero Vallejo estrenaba en el teatro Reina Victoria de Madrid 'Las cartas boca abajo' y el dictador Francisco Franco inauguraba el Valle de los Caídos. Fuera de esta España, en Liverpool (Reino Unido) se conocían Paul McCartney y John Lennon, para dar vida a The Beatles. 

ESTACIÓN DEL NORTE/ 1957

Los años cincuenta no fueron fáciles en España. Muchos ciudadanos se vieron obligados a abandonar sus casas para buscar un futuro mejor en Europa. En 1957 partió de la Estación del Norte de Madrid el primer contingente de trabajadores hacia Bélgica, fruto del acuerdo de emigración hispano-belga. Allí, junto al andén, se despedían de sus familiares entre la esperanza de encontrar una nueva vida y la tristeza por dejar sus raíces. Muchos de ellos trabajarían en las minas del carbón, en la industria pesada, la construcción o como servicio doméstico. Más de 100.000 españoles acogió este país durante esos años. Unos echaron raíces o transladaron a sus familias en los meses siguientes, otros regresaron en los fructíferos años sesenta. En todos, el recuerdo de aquel adiós. 

ESTACIÓN DE ATOCHA/ 1959

España cogía carrerilla a finales de los años cincuenta. Las estaciones de tren se llenaban de viajeros que sentían que vivir en Madrid era un lujo que debían contar en sus localidades de origen. En 1959, se aprobaba el Plan Nacional de Estabilización Económica que llevaría a nuestro país a un escenario distinto, al menos en lo comercial. La autarquía se dejaba a un lado y comenzaba la inversión exterior en España y el turismo. Ay, ese ansiado turismo. A partir de ese año ya no solo esperaríamos en las taquillas de la Estación de Atocha (numeradas y localizadas por destinos) para ir a ver a la familia, también el sol y la playa iban a ser nuestra otra residencia. Entonces no sabíamos que ese mes de septiembre sería, problemente, el último en el que llegaríamos a la urbe después de un verano en el pueblo. No sabíamos que habían otros lares fuera de nuestras fronteras. Hoy, hemos vuelto, sin quererlo, a esa década. 

ESTACIÓN DE DELICIAS / 1965

El 30 de julio de 1965 no fue un día como los demás en la Estación de Delicias de Madrid. Los trajines acelerados en las vías del tren se llenaron con cientos de figurantes para dar vida a una de las escenas míticas de la película 'Doctor Zhivago', del director David Lean, protagonizada por Omar Sharif. La capital, por unos días, se convirtió en Moscú, y las vías de esta estación no llevaban a Zaragoza, si no a San Petersburgo. La productora Metro-Goldwyn-Mayer invadió la ciudad de camarógrafos y estrellas de Hollywood. Todos aquellos que esas jornadas quisieron soñar a ser actores o actrices pero se quedaron en extras, aseguran que cobraron 75 pesetas al día. Hoy, esta estación ya no presta servicio ferroviario y sus antiguas instalaciones albergan el Museo del Ferrocarril.

ESTACIÓN DE PRÍNCIPE PÍO / 1970

Mientras que el boxeador estadounidense Mohammed Alí anunciaba su retirada o Paul McCartney se separaba de The Beatles, ese 1970, en España se vivía una incipiente apertura social, política y cultural que ayudaba a crear nuestros propios mitos. Julio Iglesias quedaba en cuarta posición en el festival de Eurovisión, se estrenaba la película de Mario Camus 'Fortunata y Jacinta', y el Ejército se modernizaba con una compra de aviones supersónicos, los Mirage III. Pero también era el año de los grandes viajes en tren, de las vacaciones a la costa, de la consolidación de Madrid como gran capital y epicentro del tráfico ferroviario. Ahora, que se cumplen 80 del nacimiento de Renfe, imágenes como esta hablan del protagonismo que tuvo la compañía en el desarrollo de un país cuyas maletas simbolizaban cambio y progreso.

POBLENOU / 1973

El barrio de Poblenou, en Barcelona, siempre se manifestó orgulloso de mirar al mar cada día. Lo que durante siglos fue una zona de marismas y lagunas, a lo largo del siglo XX se consolidó como un barrio obrero e industrial donde residían miles de familias que iban a trabajar a otras zonas de la ciudad o a localidades cercanas. En los años sesenta vivió una desindustrialización que cambió el paisaje y lo aisló de los fastos arquitectónicos que la Ciudad Condal ya empezaba a vislumbrar. Pero el tren siempre estuvo allí, como testigo de sus cambios y también de su evolución como barrio que ha hecho de su idiosincrasia trabajadora su punta de lanza. En los años setenta, muchos eran los vecinos que iban hasta su estación para ver cómo cambiaba el ancho de las vías para el nuevo modelo de tren que les llevaría a Sant Adrià del Besòs. El Talgo III RD era un convoy más largo, entre 12 y 20 coches, con dos generadores a ambos extremos. La modernidad paraba temporalmente en Poblenou en esta década. La estación de tren cerró en 1989, no llegó a ver el cambio que viviría el barrio con los Juegos Olímpicos de 1992, pero el espíritu de sus vecinos permanece fiel a sus orígenes marineros.

ESTACIÓN DE ATOCHA / 1988

Seis años después del Mundial de Fútbol de 1982, primer gran acontecimiento internacional organizado en España tras el restablecimiento de la democracia, la capital española continuaba el proceso de apertura, esta vez en clave interior, mediante la puesta en marcha de Atocha-Cercanías y la nueva estación de Metro. Ambos servicios fueron habilitados en el contexto de la remodelación completa llevada a cabo entre la segunda mitad de los ochenta y principios de los noventa. A pesar de estar aún sin completar en ese momento, en esta imagen tomada por el fotógrafo Justo Arenillas Melendo en diciembre de 1988, se distingue uno de los horizontes más reconocibles y familiares tanto para el ciudadano de Madrid como para sus visitantes ocasionales: la panorámica que anuncia, por sí misma, la llegada al destino. El momento de abrocharse el abrigo y prepararse para coger el equipaje.